////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA PRENSA LIBRE: ESA PUTA INMACULADA


"Memorias de un mercenario"


Con estas mismas palabras que reproducimos a continuación El Martillo inauguraba el 10 de noviembre de 2008, hace exactamente dos años, su sección Memorias de un mercenario, una serie de rápidos relatos basados en las experiencias reales de su autor, y destinados a refrendar con hechos esas palabras, porque una buena historia vale más que mil imágenes.

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La prensa libre, la gente acorralada...


UNA PUTA INMACULADA








El periodismo es un negocio de extorsión.
Más de veinticinco años de oficio me dan carta blanca para afirmarlo así de rápido, y me permiten además sostenerlo en pocas líneas.
El periodismo es un negocio basado en la extorsión: se denuncia lo que no anuncia, y lo que anuncia, no se denuncia.
¿Hace falta decir más? Más digo.
No vamos a dar nombres aquí porque no queremos perjudicar a nadie en particular, sino a todos en general. Pero ningún medio, grande o pequeño, que ostente algún anuncio, atentará contra su anunciante. ¡Mas cuidado con aquél que allí no anuncie!… Ése prófugo, desde ya sospechoso, bien puede ser investigado, incluso perseguido, y, si alguna mínima falta, pecado o culpa le cabe, ¡también denunciado!, pues claro, ¿para qué está el periodismo sino para esclarecer a la opinión pública, eh?…
Ahora bien... si el investigado-perseguido-denunciado, antes de ser denunciado, es avisado de la denuncia inminente –cosa que ocurre con frecuencia-, y allí entonces, iluminado de pronto, el investigado decide anunciar, bueno… allí tal vez acaso aquella investigación exclusiva deje su espacio a otra información, exclusiva también, cómo no, un divorcio rimbombante, o mejor aún, algún escándalo de vodevil...

Por supuesto cuando digo "periodismo" me refiero a lo que mal suele llamarse el "periodismo profesional", y que yo personalmete prefiero  llamar el "periodismo industrial". Dejemos los de "profesional" para destacar la excelencia, no la obediencia.
Hubo un tiempo en que ese periodismo fue el cuarto poder. Hoy es el primero.
Porque alguna vez algunos hombres descubrieron que se podía lucrar con la información; pero luego otros hombres, más astutos, más hábiles, descubrieron que con la información se podía lucrar, sí, pero con la opinión, la injuria y la calumnia, se podían hacer fortunas.
Estos hombres, tan sagaces, sabían también que la gente, el grueso del público, no quiere la verdad: quiere apenas que le den la razón, argumentos más o menos elaborados para decir lo que dicen sin saber muy bien por qué. Así el público de izquierda comprará diarios de izquierda; y el de derecha, a su vez… Y así aquellos hombres tan astutos, aprendieron a tocar enseguida la canción que su público quería escuchar, y luego, con el público, claro, llegaron los avisos... y los que no llegaron, los fueron a buscar, ¿o para qué tenían el público?...
Blindados por la santísima trinidad de La Opinión Pública, La Verdad y La Libre Expresión, estos hombres, tan sutiles, tan astutos, tan arteros, comenzaron a hostigar a todos aquellos que podían y no querían anunciar con ellos, o facilitarles créditos; o en el caso de funcionarios oficiales, exenciones impositivas, concesiones, licencias, prebendas… negocios, bah.
A cambio, claro -como don Vito Corleone, por ejemplo-, estos hombres, tan pícaros, tan pillos, tan visionarios; ofrecían protección cuando no difusión: ya nadie rompería sus vidrieras nunca más, y encima sus productos serían los más vendidos…
Dueño del público, así el el periodismo creció. Por cada diario vendido, cuatro cabezas compradas. Luego llegaron la radio y la televisión, y ya todos quedamos rodeados.
Y el cuarto poder se convirtió en el primero.
Hoy los medios, los grandes medios –que no son medios, que son grandes grupos, inmensas concentraciones de dinero y de negocios (de poder, o sea)-, representan las únicas tribunas públicas que nos quedan, y desde allí ellos, los dueños de esos medios -de esas tribunas-, imponen, filtran, escogen, para nosotros, candidatos, jueces, diputados, senadores, y como  no, presidentes...
De izquierda o derecha, de centro o costado, todo medio en venta precisa dinero, se hace por dinero, y quiere dinero. Y por un simple instinto de supervivencia, no ataca a quien le da dinero, ataca más bien a quién se lo niega.
Que alguna vez el vacío de las instituciones en la Argentina haya elevado una industria a la categoría de institución… no es mérito del periodismo sino consuelo de tontos.
Sé lo que digo. Si alguien quiere discutirlo, aquí estoy. Veinticinco años de oficio. Más. En los más grandes medios, en medios medianos, pequeños, laterales, de orígenes, tópicos, alcances y objetivos diferentes. Fui marinero, y me retiré capitán. Sé lo que digo. Y si alguno de ellos ahora está ahí, sabé que lo sé.
Para sostener la pluma con la espada, aquí tomo la decisión de comenzar esta serie de rápidos relatos basados en experiencias propias que refrendarán, con hechos, cada una de estas palabras; y que bien me cabe titular, esta seria, humilde y honradamente: Memorias de un mercenario.
Mientras tanto, aquí dejo martillada esa triple verdad que desde ya me banco ante cualquiera: el periodismo industrial es un negocio de extorsión, la prensa libre no existe, y estamos todos rodeados.
Sólo El Martillo (o cosas así) podrían salvarnos…

Daniel Ares

(continuará)…

                                                                       
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