////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

martes, 16 de noviembre de 2010

FITO PAEZ Y JORGE LANATA EN EL REESTRENO DE "BRULOTES BRUTALES":..

BARQUITOS EN LLAMAS 


Según la Real Academia Española, el brulote es una suerte de buque-bomba, "un barco cargado de materias combustibles e inflamables que se dirigía sobre los buques enemigos para incendiarlos”.  En la Argentina, en cambio, el brulote es apenas un género periodístico despreciable por definición.
Se supone que un brulote carece de seriedad, sobre todo de objetividad, pues está apenas sustentado por la sola intención de agraviar al sujeto de sus líneas, sin ningún tipo de imparcialidad o de justicia. Tal vez por eso este género nos gusta tanto: por despreciado, y por brutal.
Al fin y al cabo por aquí sólo pasan los peores clavos que El Martiyo pueda hallar. Auténtica galería del horror, aquí tienen su minuto de gloria los intolerables que nunca faltan.
Hoy, como oferta de reposición, presentamos en un solo post, dos de nuestros muñecos preferidos; Jorge Lanata y Fito Paez....
Habrá más, infelizmente. Conforme los horribles no cesen, los brulotes brutales tampoco lo harán.
Uno tras otro irán saliendo como barquitos cargados de materias combustibles e inflamables dirigidos  sobre los buques enemigos para incendiarlos.
Ojalá los disfruten...





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JORGE LANATA: MUCHO MÁS QUE UN  CUERPO BONITO…

De Neustadt a Porcel con escalas en Alterio (*)


EL HOMBRE TODO



 
Ahora Lanata habla prácticamente solo por canal 26, pero quizás un día no muy lejano –dos estaciones antes del olvido total (tampoco hablamos de “la poteridad”)- sea recordado por el mayor de sus intentos (ya que inventar no inventó nada): convertir el periodismo en un subgénero del burlesque.
Hoy lo vemos por ahí con su cara de “Página 12 soy yo” aunque en realidad fue sólo parte del grupo fundador, pero ya enontces, allá por los ´90 irrumpió en el bestiario argentino disfrazado de gran opositor, y no sólo por su volumen, sino, y sobre todo, por lo redituable del papel en su momento.
Casado en primeras nupcias con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y todos los organismos de derechos humanos, pronto aquél bravo periodista se reveló sin embargo también escritor, por qué no, total...
Eran los días del uno a uno, cuando sobraba papel y publicábamos todos y suficientes los muchachos del suplemento literario de Página 12 decidían ellos solos la nueva vanguardia de la narrativa argentina. Desde allì pronto coparon la editorial Planeta y su colección Biblioteca del sur (que no fundaron, pero sí fundieron), donde Juan Forn, director de la misma, y empleado a la vez de Lanata, elegía por entonces quiénes serían mañana los genios del momento. Entre ellos, por supuesto, apareció pronto su jefe, que allí enseguida publicó su primera novela, cuyo título, infelizmente, rápido nos arrebató el olvido.
Pero su nueva imagen de entonces, no. De pronto ya era otro Lanata, ya no un periodista comprometido, inflamado y serio, sino más bien un escritor alocado, irresponsable y vital.
En pocas semanas bajó 60 kilos, se clavó un arito en una oreja, vistió sólo ropa de Bali con gorrito y todo, y fulguró por un verano entero en la noche espumosa de Punta del Este, cual rara especie pródiga de estrella que por fin volvía a su galaxia…
Pero claro, una cosa es disfrazarse de escritor, y otra muy distinto es serlo. Ser escritor de verdad (más allá el éxito, de la fortuna, de la repercusión, incluso de la publicación asegurada), es un juego muy duro, no todos aguantan. No es lo mismo un artículo prepago que apenas mañana alcanzará difusión (y que ya tiene su público cautivo merced al diario que lo envuelve); que un trabajo de largo aliento, su extensa y silenciosa incertidumbre, el retiro que exige, el lucro cesante, su soledad profunda… Jorge quería fama, y aquello de la literatura era más bien un albur muy laborioso, incierto y lento. Lo mandó a la mierda.
Allí nomás largó los brolis, tiró a la basura toda esa ropa absurda, se sacó el arito, volvió a morfar cuanto le pasaba por delante, renunció al premio Nobel, y se dedicó, mejor, a perseguir un Martín Fierro. Abjuró del arte, tan lleno de hambre, y se entregó a la tele, que fue lo suyo. Su rostro 29 pulgadas se adaptaba perfecto al formato del medio.

Lanata en uno de sus grandes momentos: la comida.


  
Allí descubrió que no hacía falta saber escribir, ni siquiera pensar, que bastaba actuar, representar el papel del valiente periodista que dice lo que otros callan, mientras nos tira el humo en la cara como toda innovación televisiva. Pero no hay exceso que no se pague, y no sólo a la hora de comer.
Encumbrado por la suerte de ese muñeco venturoso, Jorge se infló demasiado, y pumba…
Vuelto más un profeta que otra cosa, quiso conducirnos a la tierra prometida y se largó a vender la Alianza aquella, su legión de incapaces, que tanto nos costó…. De pronto según sus visiones, el fútil Chacho Alvarez pasó a ser algo así como un Sarmiento con pelo y sonriente; Graciela Fernández Meijidi (hagan un esfuerzo, una señora de ojeras), una suerte de Pasionaria de entre casa; y Elisa Carrió, la versión big-mac de Evita…
Hoy ya todos comprendemos cuánto le convenía a Menem en aquellas elecciones el triunfo de la Alianza, y la real oposición que suponían para sus muchos intereses Cavallo o Duhalde... Hoy todo está más claro, hoy que Lanata quedó reducido al canal de Alberto Pierri. Pero ya por entonces gente del entorno de Lanata, admitía por lo bajo que "lo operaba Alberto Kohan"...
Desde luego es algo imposible de probar, pero lo cierto es que esa tarde en que la Alianza alcanzó su solo instante de gloria –cuando fuera detenido Menem-, esa noche misma, ante su público expectante por verlo por fin descorchando champán y festejar; Jorge Lanata abrió su programa Día D inventariando sospechosamente la sospechosa fortuna del juez que había detenido a Menem.
Y eso sí es fácil de comprobar, está grabado, quien quiere ver que vea... y si alguien borró todos esos videos, quedó igual impreso en lo que Borges llamaba el “rígido ayer”.
Lo cierto es que desde que el menemismo perdió espacio, Lanata tambièn, ¿lo notaron?... Como si muerto el perro descubriéramos que la rabia no era más que pura espuma.
Y así comenzó el descenso, la caída.
Despacio pero firme, su público –básicamente joven- comenzó a abandonarlo conforme crecía, maduraba y comprendía.
Perdido por perdido, al ver que el reloj marcaba ya el minuto quince de su cuarto de hora; entró a probar con cualquier rebusque. La radio, el diario, la publicidad, el teatro, ¡la revista!, ¡el Maipo!; en el revoleo consiguió venderle como documental al History Channel un tour all-incslusive que se mandó por Bolivia disfrazado de detective deportivo mientras hablaba del Che sin aportar nada nuevo, en el medio se prestó por las dudas a un clip con Calamaro, y así mil peripecias más sin que funcione ninguna… El público nunca volvió.
Acabó hablando prácticamente solo en el canal 26, que es de Alberto Pierri, el ex presidente de la cámara de diputados de Menem, ex jefe de campaña de Menem también; un empresario de San Justo dueño de la papelera que proveía en sus buenos tiempos a la revista Convicción del entonces almirante Eduardo Emilio Massera… (una pena que la cerraran, sino seguro Jorge tendría allí flor de columna).
Pero bueno… peleador infatigable, dio la vuelta completa –le faltó nada más probar el circo-, y sin solución volvió a sus orígenes: desempolvó vencido su ya estrecho traje de bravo opositor, descubrió al cabo de una vida dedicada al periodismo de investigación que las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo al final eran unas corruptas, y saltó de nuevo al ruedo con más y nuevos malabares aprendidos en su paso por las tablas.
Aún indefinido, su nuevo personaje oscila entre el fugitivo que espera sentado, y el perdedor invicto. Inspirado en su callado maestro Bernardo Neustadt (con toques de Porcel y vahos dramáticos de Alterio), Lanata ya no transmite ni comenta la actualidad, va más allá: la encarna. Todo sucede en él, y lo lastima. Todo lo menciona o lo contiene, porque él lo contiene de todo…
Pero ya lo decía Bolívar: no se puede ser grande impunemente.
Perseguido no precisa por quién, lo cierto es que cada vez lo siguen menos. De hecho el rating hace mucho que no lo reclama en ningún lado, por algo está en canal 26.
Sin embargo ahora sí, según todo indica, Jorge por fin encontró algo de amparo bajo la gabardina desplegable de Héctor Magnetto…
Por eso decirnos que habla prácticamnte solo, y no solo. Porque Magnetto y sus muchachos lo escuchan. No sólo eso: lo entienden. Mejor aún: lloran con él, lo consuelan, y lo difunden. Es linda la amistad.
¡Y pensar que antes se peleaba con Clarín! (Locuras juventud, qué va)…
Hoy Jorge está podrido de que le hablen mal de la dictadura militar, ya se aburrió de la historia de Papel Prensa y de los hijos de La Noble… y los monopolios que ayer lo asustaban tanto, ahora, desde adentro, descubrió que no son tan malvados. Al contrario, pobrecitos… le dan pena, incluso, porque él siempre -como explicó en TN apenas el gobierno difundió el informe sobre Papel Prensa-, él siempre estuvo del lado de los más débiles, en este caso, como le apuntó allí para redondear su propio Stan Laurel Tenenbaum: “en este caso Clarín”.
Así acabó aquél disfrazado alguna vez de toro salvaje.
En fin.
Es propio de los argentinos acusar al gobierno en curso de nuestro fracaso personal. Pero hemos de reconocer que Jorge Lanata extrajo de semejante miseria un novedoso mix periodístico-dramático, que nada tiene de periodístico -ni siquiera de dramático  porque medio da risa-, pero que desde ya inscribe sin dudas su nombre entre los grandes nombres del vodevil.


(*) El Martillo - Clarín.blogs - noviembre 2008
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 FITO PAEZ: EL HIJO DE CHARLY GARCÍA Y NITO MESTRE


¿Genio del renacimiento, o bobo de paso? (*)


CIRCO BEAT
PAYASO VIP




Como de verdad no entendemos de qué otra clase de árbol sino del caído se puede hacer leña, decidimos darle un par de merecidos martillazos a Fito Paez, que no cayó, finalmente, en las tumbas de la gloria -como él solo se pensaba-, pero que en algún agujero se cayó o viene cayendo porque ya casi no jode. (Tocamos madera).
Fueron años, demasiados años, de soportado ahí arriba, en la cima casi inalcanzable del atalaya de su propio ego, desde cuya altura nos hablaba inobjetable con la certeza de los elegidos, opinando de todo sin decir jamás algo que valga la pena, previsible más previsible que un calendario, simulando posturas políticas que no son más que poses, con su comportamiento eléctrico de diva encendida por su propia estrella, y toda y tanta nada, por un par de jingles baratos que ya olvidaremos, y una innecesaria antología  de letras catárticas, precarias, confusas, que se presumen hondas porque no se entienden, que se suponen bellas porque no se lee.
Milagro emergente del vacío de la época, allá por los 90 vivió su cuarto de hora.  Peinados inestables, camisas tropicales con pretensiones psicodélicas y anteojos de carnaval, le bastaron para componer un muñeco que le daría pingües dividendos por una buena temporada. Eran los chicos hijos de un tiempo de banalidad febril que iba estallar recién en el 2001…
Después aquél público creció, los pibes ya no vinieron más tan fáciles, la plata se puso muy difícil, y vos ya no le vendiste un disco ni a Cecilia Roth… 
Genio del renacimiento nacido a deshora en Rosario, ninguna disciplina le era ajena,  y con ese talento inmensurable que sólo él sabe que tiene, probó suerte en el cine. Pero no hubo suerte. Se dirigió una película aprovechando que su esposa era actriz y famosa en España, y eso fue todo. La película parece que tampoco ella la vio.
Artista puro, sí,  pero también y por las dudas intelectual comprometido social sino políticamente, los avatares financieros del diario Página 12 lo mostraron desconcertado y perdido, sin saber qué decir más de una vez. Pero amparado siempre en la complejidad jeroglífica de sus expresiones, nunca se le entiende nada y así más o menos sale casi siempre indemne ante el espectador desprevenido (que en su caso abunda, pues ya nadie le presta mucha atención).
Perdido en su propia nube eterna de gases intestinales, alguna vez quiso juntarse con Sabina a ver si aprendía a escribir canciones. Pero la naturaleza no perdona nunca, y Sabina salió corriendo. Mejor. Según contó el mismo Paez, Sabina fumaba mucho y le quemaba la alfombra del estudio. Se pelearon. Sabina se volvió a Madrid, y Fito se fue a llorar con Mirtha Legrand, que siempre lo invita a comer y además no fuma.
Hace muchos años, en días más contenidos, cuando aún este payaso vip de su exclusivo circo beat no había encontrado aún al peluquero que lo haría célebre, Clarín lo juntó para una nota con Luca Prodan…
Fito era muy joven, Luca nunca lo fue. Admirado o asustado, respetuoso o pusilánime, siempre ansioso, siempre histérico dos veces histérico por histérico y  por jóven, Paez no pudo esperar las preguntas y lanzó de movida un largo vómito de elogios para Prodan. Cuando paró, Luca nada más le preguntó:
-- ¿Vos sos el  hijo de Charly García y Nito Mestre?


Las mil piruetas de un circo que pasó.


(*) El Martillo - Clarin blogs - Octubre 2008.

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