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viernes, 27 de mayo de 2011

BRULOTES BRUTALES. HOY: JOAQUÍN MORALES SOLÁ.




El miércoles deponíamos el ataque constante a los esbirros del monopolio Clarín, para pegarle directamente a Clarín (Ver El ventrílocuo maldito). Este post parece contradecirnos, y tal vez sí. ¿pero quien es al fin y al cabo el monopolio sino, también, sus esbirros? Aquí entonces, una de sus figuras históricas: Joaqu-Inmorales Solá.


EL HOMBRE FULMINADO




Para terminar de una vez por todas con esa efigie falsa del periodismo argentino, Joaqu-Inmorales Solá, vaya aquí este brulote brutal como un regio martiyazo que intentaremos definitivo, a fin de no tener que mencionarlo más.
Con su tono calmo, afectado, casi monocorde -capaz por oficio de trasladar al texto a partir de una prosa correcta que destaca en la pobreza del conjunto-, Inmorales Solá supone así para su público una templanza y un equilibrio que de ninguna manera contienen sus contenidos. Y nos cagamos en la redundancia, como en él.
Tucumano de origen, cronista mimado de las tropas que “limpiaron” el monte de su provincia en el histórico por feroz operativo Independencia –apenas un ensayo del matadero inminente-; habitué en los asados del general Domingo Bussi, Hernán López Echague consigna en su libro El enigma del general el premio que le dio dicho general, así como el abrazo que él le dio al general. Y también consigna, en un artículo posterior que linkeamos aquí-, el llamado que le hiciera a propósito Morales Solá, reconociendo el hecho como un “pecado de juventud”, y rogándole al autor que en una próxima edición “suprimiera ese párrafo”, demostrando ahí, así, hasta qué punto este muchacho supone que el silencio, anula el crimen.
El caso es que el pecado aquél le valió el premio grande, y en 1975 desembarcó en Clarín, ya para quedarse y ser quien al final resulta que es.
Allí ya, y durante años –durante todos los años del genocidio- Inmorales Solá, como su nombre lo indica, no advirtió sin embargo ninguna irregularidad por parte del gobierno de turno, ni de sus heroicas Fuerzas Armadas, por supuesto.
Muy por el contrario, el equilibrado Joaquín hallaba entonces prosperidad y orden y esperanza, y sus bordados semanales en el gran diario argentino, nos narraban inocuas rencillas castrenses, en las que acaso él se animaba contra un sector, pero siempre amparado por otro… 

Junto al Operativo Independencia.
Dentro de la ley, todo.
 Y es que eran tiempos difíciles, cómo no. Muchos periodistas desaparecían, otros eran detenidos y torturados, otros asesinados, y otros partían al destierro. Joaquín, en cambio, supo sobrevivir a todo, y no sólo salió ileso, ¡sino fortalecido!. Lo que no mata engorda, hay que joderse.
Cuando volvió la democracia, Joaquín ya era Clarín… y casi viceversa. Desde sus columnas dominicales bajaba o levantaba su pulgar ante la incipiente clase política que despertaba o regresaba y se organizaba, cuando Clarín, y él, ya estaban allí, antes que nadie y desde siempre, invulnerables incluso al genocidio, más grandes y más fueres aún, ambos dos, Clarín y Joaquín, Joaquín y Clarín, dispuestos a bendecir a todo aquél que no hiciera ciertas preguntas, y favoreciera ciertos negocios…
Nunca jamás dijo una sola palabra sobre el inédito poder –ya no el insólito traspaso- de Papel prensa, dueño no ya de todo el papel de la Argentina, sino, y por lo tanto, de la suerte o la desgracia de cualquier medio que a su vez se atreviera a preguntar lo indebido…
Defensor incomparable de la libre expresión, monge de la Democracia, de la Justicia y la Verdad, tampoco nunca dijo nada de los hijos de la Noble, hasta que la Noble fue detenida por el juez Marquevich, y entonces sí, allí Joaquín salió a recordar las lágrimas en los ojos con las que aquella madre les contaba a todos sus colaboradores y en detalle la triste y amorosa historia de la adopción de esos dos niños …
Para entonces Joaquín se había mudado a La Nación, o sea, a ningún lado, allí seguía dando la cara siempre por el mismo monopolio que le dio su ser.
Sin embargo de su trabajo allí –para ir terminando, así comenzamos a olvidarlo del todo-, extraemos este recuerdo, como síntesis, compendio y apoteosis de toda su carrera pasada, presente y por venir.
Citamos de memoria, pero con la tranquilidad que nos da sabernos respaldados por el archivo del propio diario La Nación (que el lector puede consultar si duda de nosotros, nosotros estamos tan seguros que nos dio fiaca buscar nada)-.
Agasajado por el general Bussi.
Cómo olvidarlo.
Fue allá por los días del enfrentamiento entre el gobierno y la Sociedad Rural –cuyos capangas entonces se hacían llamar "El Campo"-, exactamente al día siguiente de la plaza de Mayo convocada por Cristina –es fácil por lo tanto ubicar esa edición -, cuando ya en la misma tapa del diario, como largando espuma por la boca, Inmorales Solá iniciaba su columna de urgencia bajo el título –y esto sí es textual- “Nadie nunca hizo tanto por dividir al país”.
El hombre que apenas comenzó el genocidio ya acompañaba con su chin-pum a los militares que lo ejecutaron; el cronista casi estandarte del general Bussi en Tucumán, uno de los más distinguidos encubridores de la señora de Noble; uno de los mejores testigos vivos que debe quedar del extraño traspaso de Papel prensa, uno de los testigos directos del poder de esa empresa sobre todos los medios gráficos del país, un periodista que hace por lo menos cuarenta años que tiene acceso a información calificada, que por lo tanto sabe tanto, ha visto tanto (y callado tanto); descubrió sin embargo en Cristina de Kirchner la persona que más había hecho en la historia Argentina por dividir el país.
Osvaldo Rossler avisaba que “el peso de la palabra escrita habrá que soportarlo para siempre”.
Como exmercenarios, lo comprendemos, y lo saludamos. Su propia terrible trayecoria es una muestra de su eficacia como tal. Todo joven que aspira a ganarse la vida en el periodismo industrial, podría aprender mucho de este guerrero. Incluso si todo esto no hubiese afectado letalmente su credibilidad, hasta recomendaríamos su contratación. Se trata de uno de los grandes mercenarios de la patria gráfica, y si hoy lo vemos terminado, insustancial, incoherente o previsible –derrotado, bah-, no es porque no haya puesto en la batalla todo lo que hay que poner, sino porque llevó una pelea muy desigual: peleó contra la verdad, que es pelear contra el sol… al cabo de la noche vuelve a surgir, intacto como ayer… y te abrasa.
Te calcina.
Te fulmina.


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